Nociones básicas de buceo en Apnea
¿Que es la apnea?
Adaptaciones espontáneas del organismo
La compensación
El síncope por apnea prolongada
El riesgo de síncope en la apnea profunda
Los riesgos de la hiperventilación
El síncope por hidrocución
La técnica de la inmersión en apnea
Contraindicaciones para la práctica de la apnea
Modalidades de buceo en apnea
¿Qué es la apnea?Dejando a un lado las manifestaciones patológicas (i.e., apnea del sueño),
podemos definir apnea como la suspensión voluntaria de la respiración. Por
extensión, se denomina apnea, o más exactamente buceo en apnea (free diving en
inglés), a la inmersión sin eun sistema de aporte de aire que permita la
respiración bajo el agua. El metabolismo de nuestro cuerpo, esto es, el conjunto
de las reacciones bioquímicas que nos permiten vivir, continúa durante el
periodo que dura la apnea. Esto quiere decir que, cuando detenemos la
respiración, las células de los tejidos del cuerpo siguen quemando oxígeno (O2)
y produciendo anhídrido carbónico (CO2).
Estableciendo una analogía simple podríamos considerar nuestro cuerpo como un
motor de explosión que funciona gracias al combustible ( los carbohidratos) y al
oxígeno, que a consecuencia de su funcionamiento, emite CO2 como gas de
desecho. Hacer que una persona permanezca en apnea es, en cierto modo, como
poner a funcionar el motor bajo una campana de vidrio herméticamente cerrada:
tarde o temprano es necesario abrir la campana si no se quiere que el motor se
detenga por la excesiva acumulación de gases de desecho y por la falta del
oxígeno necesario para la combustión. Ahora bien, por lo que se refiere al
cuerpo humano, la cantidad de oxígeno consumida y la de anhídrido carbónico
producida depende de las características físicas de cada individuo y de algunas
condiciones del entorno. Por ejemplo, si se está sometido a un trabajo físico
pesado, a tensión o al frío, el consumo de oxígeno y la producción de CO2,
experimentan un aumento respecto a los valores habituales.
No obstante, todos los casos, después de un período de tiempo determinado en
apnea, surge la llamada hambre de aire, es decir, una irrefrenable necesidad de
respirar, que es el sistema de alarma que el propio organismo tiene para
comunicar su necesidad de oxígeno para continuar sus procesos metabólicos con
normalidad. Generalmente, el hambre de aire se advierte como un creciente estado
de discomfort, acompañado en escasos instantes de estímulos musculares en la
zona del costado y del diafragma, las conocidas contracciones diafragmáticas que
son la señal de alarma que advierte que están a punto de superarse los límites
de la tolerancia física ante el estado de no recambio del aire en los pulmones.
Si la apnea se interrumpe, la sensación de opresión y los estímulos
diafragmáticos desaparecen de inmediato y la respiración se recupera a un ritmo
inicialmente más intenso de lo normal. Si, al contrario, se persevera en la
apnea se producirá un colapso de las funciones biológicas y con ello se sufrirá
una pérdida de conocimiento: el síncope por apnea prolongada. Por tanto, no es
difícil entender por qué no se debe exagerar la duración de las apneas.
Interrumpir la apnea cuando aparecen los estímulos diafragmáticos es una regla
inaplazable para la seguridad de todo submarinista, porque cualquier acción que
no sea la suspensión de la apnea puede tener consecuencias que pongan en peligro
la vida del buceador.
Adaptaciones espontáneas del organismoCada vez que se introduce la cabeza bajo el agua y se inicia una apnea, el
cuerpo humano reacciona ajustando sus pautas emtabólicas a la entrada en el
medio subacuático. Son adaptaciones espontáneas que el submarinista, en general,
no percibe. De entre ellas, se puede destacar la ralentización de la frecuencia
de las contracciones cardíacas (bradicardia), así como anomalías
electrocardiográficas y de variaciones de la presión corporal, que experimenta
primero un descenso y luego un aumento lento pero constante. También se ha
observado, en el curso de análisis médicos, una variación temporal del pH de la
sangre, pero, si las condiciones físicas de quien se sumerge son buenas, estas
variaciones fisiológicas no han de ser motivo de preocupación, pues son
respuestas adaptativas normales debidas al cambio de las condiciones
fisico-ambientales. Una de las adaptaciones del cuerpo humano más interesantes,
debida al aumento de la presión hidrostática, es el llamado fenómeno de la
compensación espontánea por parte de la sangre (blood shift). A medida que se
desciende bajo el agua, la sangre afluye en mayor cantidad a la circulación
pulmonar (circulación menor) y este traslado de la sangre, más abundante cuanto
mayor es la profundidad alcanzada, sirve para compensar la compresión de los
pulmones y de la caja torácica. En definitiva, la sangre, que es un líquido (y
por tanto es incompresible), va a irrigar de forma copiosa los pulmones para
evitar su aplastamiento por parte de la presión hidrostática.
Compensar significa restablecer el equilibrio entre la presión externa
(ambiente) y la interna de la membrana timpánica (cavidad del oído medio).
Sabemos que al movernos bajo el agua nos sometemos a la presión hidrostática que
actúa en todas las partes de nuestro cuerpo y que dicha presión aumenta
proporcionalmente a la profundidad. Como es lógico, la membrana timpánica no
constituye una excepción. A medida que se desciende, la pared externa del
tímpano experimenta una presión cada vez mayor, curvándolo hacia la cavidad del
oído medio. Para evitar que el timpano sea finalmente desgarrado por la presión
hidrostática, el ser humanotiene la capacidad de insuflar aire en el oído medio
para compensar las diferencias de presión y volver a situar la membrana en
condiciones de equilibrio. Esta maniobra recibe el nombre de compensación
forzada.
La compensación es posible gracias a las trompas de Eustaquio, dos conductos
(uno por cada oído) que comunican la cavidad del oído medio con la zona
nasofaríngea y por tanto con el sistema respiratorio. Pero estas trompas, que
tienen las paredes revestidas de mucosa similar a la nasal, no están normalmente
abiertas al paso del aire, sino colapsadas. De ahí la necesidad de efectuar una
maniobra para que el aire pueda pasar de los pulmones al oído. Los métodos más
comunes de compensación forzada son tres:
- la deglución
- la maniobra de Valsalva
- el método Marcante-Odaglia
La simple deglución, la natural contracción de la garganta que se produce cada
vez que se traga saliva o un bocado, provoca una compensación natural del oído
sin necesidad de taparse la nariz. Sin embargo, muchas veces esta maniobra
resulta poco eficaz, sobre todo para las personas que tienen trompas
particularmente estrechas.
La maniobra tal vez más conocida toma su nombre del médico Antonio María
Valsalva, quien a comienzos del S. XVIII inventó un método para tratar la otitis
purulenta: perforaba el tímpano del paciente, le hacía reclinar la cabeza hacia
abajo y efectuar un gran esfuerzo respiratorio con nariz y boca muy apretados.
Por reacción la materia malsana era expulsada del oído. Perforación del tímpano
aparte (lógicamente), el submarinista que compensa utilizando la maniobra
llamada de Valsalva se tapa la nariz y, tratando de espirar con la boca cerrada,
crea una sobrepresión intratorácica que se propaga a través de las trompas hasta
el oído medio, compensando así la presión que ejerce el agua en la cara externa
del tímpano. Aunque es muy fácil de realizar, esta maniobra suele ser
desaconsejada por la mayoría de los médicos porque su efecto contrarresta la
compensación espontánea de la sangre en la circulación menor, es decir, hacia
los pulmones (blood shift). Como hemos visto en el apartado anterior, durante el
descenso en profundidad la sangre, que es un tejido líquido y por tanto
incomprimible, afluye a los pulmones para equilibrar el aumento de presión que
se ejerce desde el exterior sobre la caja torácica. Así pues, provocar
artificialmente una sobrepresión pulmonar se opone al fenómeno de defensa
natural puesto en práctica por el organismo. Ésta es la razón básica por la cuál
la maniobra de Valsalva sea tan controvertida, sobre todo en los casos de
apnea efectuada a gran profundidad.
A diferencia de la anterior, sin contraindicaciones y de óptima eficacia, es la
maniobra de compensación inventada por el binomio Marcante-Odaglia, un método
que todo el mundo debería aprender bien. En este caso se trata de hacer presión
con la lengua hacia atrás, en forma de pistón, contra el paladar blando,
llenando la faringe y comprimiendo con la nariz tapada el aire de esa zona en el
oído medio. Así, resulta posible crear una presión de 2/10 de atmósfera sin
utilizar el aire de los pulmones. Las ventajas de esta maniobra son numerosas:
como he dicho se evita una alteración cardiocirculatoria, empleando además una
parte reducida de los músculos; por otra parte, la ejecución es rápida y puede
tener lugar con los pulmones semivacíos o incluso en condiciones de máxima
espiración.
El síncope por apnea prolongadaEl síncope por apnea prolongada es la causa de muerte más frecuente en los
accidentes sufridos por submarinistas expertos. Como ya hemos visto, durante la
apnea las células del organismo siguen produciendo anhídrido carbónico (CO2)
yconsumiendo oxígeno (O2). La sangre transporta el CO2 hacia los pulmones y
aquí, mediante los intercambios alveolares, la sangre debería enriquecerse
nuevamente en oxígeno, pero éste disminuye por efecto de la interrupción de la
respiración. El aumento del porcentaje de CO2 en los pulmones determina el
hambre de aire que da origen casi siempre a los estímulos diafragmáticos: el
diafragma comienza a contraerse tratando de volver a mezclar el aire contenido
en los pulmones y de utilizar también el oxígeno de las zonas respiratorias
muertas como la tráquea. Si no se reanuda la respiración surge el síncope. Un
síncope por apnea prolongada se manifiesta como una súbita pérdida de
conocimiento con interrupción de la respiración y, en los casos más graves,
suspensión cardiocirculatoria. Todo ello se debe al descenso del porcentaje (y
por tanto de la presión parcial) del oxígeno en la sangre arterial. En la fase
inicial de un síncope por apnea prolongada el centro bulbar de la espiración se
bloquea, de forma que el individuo no espira mientras pierde el conocimiento. En
efecto, la mandíbula inferior permanece contraida contra la superior y los
labios están apretados. Este estado es favorable a efectos de una recuperación y
de inmediatas operaciones de reanimación del submarinista que ha sufrido el
síncope. Pero se tiene que hacer rápidamente porque las células cerebrales sólo
pueden permanecer unos pocos minutos sin aprovisionamiento de oxígeno. En
efecto, cuatro o cinco minutos de anoxia pueden ocasionar daños irreversibles en
las células nerviosas. Cuando las condiciones del submarinista no se ven
complicadas por otros factores, tras una primera fase de bloqueo de los centros
bulbares la respiración puede reanudarse de forma espontánea con actos
arrítmicos y de elevada frecuencia. Ésta es la segunda fase del síncope, la de
la recuperación inconsciente. Es obvio que si el submarinista, en este momento,
no se ha recuperado todavía, sufrirá un anegamiento de las vías respiratorias,
que se hace completo con la aparición de la tercera y definitiva fase del
síncope: la del relajamiento muscular. Por estos motivos, resulta evidente que
nunca se debe practicar la apnea en solitario, puesto que en la desgraciada
eventualidad de síncope la ayuda de un compañero debe llegar en escasos minutos.
El riesgo de síncope en la apnea profundaHacer apnea en profundidad es diferente que sumergirse en pocos metros de agua,
dado que cuando la presión hidrostática se hace relevante intervienen algunos
factores que modifican la fisiología del organismo humano. En efecto, cuando un
submarinista se somete en apnea a una presión elevada (sinónimo de elevada
profundidad) su tórax disminuye de volumen porque los pulmones están llenos en
su mayor parte de aire, el cual, por su naturaleza de gas, es comprimible. Por
ello, al disminuir el volumen aumenta la presión del aire dentro de los pulmones
y por tanto la presión parcial del oxígeno contenido en el aire de los pulmones.
Esto significa (según la ley de Henry) que puede pasar a la sangre una cantidad
mayor de oxígeno y durante más tiempo respecto a la que pasaría estando en la
superficie. Así pues, la duración de la apnea en profundidad aumenta por una
mayor disponibilidad de oxígeno utilizable. Sin embargo, hemos de rendir cuentas
al subir a la superficie, cuando el tórax recupera el volumen original. En
efecto, al aumentar el volumen pulmonar se produce una súbita caída de la
presión del aire y por tanto de la presión parcial del oxígeno que hay en los
pulmones. Ello hace que se pueda descender repentinamente por debajo del límite
mínimo de oxígeno necesario para el funcionamiento regular del cuerpo humano. Se
produce así el síncope anóxico. Algunas veces el desequilibrio creado puede
incluso invertir el curso del oxígeno, que pasa de la sangre al aire alveolar y
deja en situación de anoxia los tejidos nerviosos. En estos casos, el
submarinista cae en síncope al final de la apnea, en el momento en que se está
acercando a la superficie para emerger. En ciertas ocasiones ha ocurrido incluso
que el submarinista, después de haber prolongado excesivamente una apnea en
profundidad, ha perdido el sentido precisamente al emerger con la cabeza ya
fuera del agua, en el momento de espirar el aire que tenía en los pulmones. Ello
se debe a que la última caída de presión debida a la espiración ha acabado de
romper el equilibrio físico que ya había llegado al punto crítico. En casos
similares la intervención del compañero de inmersión es de vital importancia,
porque el submarinista que ha perdido el sentido en la fase espiratoria tiende a
hundirse y por tanto no tendría posibilidades de salvación sin la ayuda de otro
submarinista. Además de insistir en que quien practica la apnea nunca debe
sumergirse solo, el razonamiento anterior sugiere no llevar demasiado lejos las
apneas en profundidad, aunque se esté gozando de un tranquilo estado de
bienestar físico, puesto que se podrían superar los límites sin darse cuenta.
Además, a lo largo de toda la duración de una apnea, nunca hay que descargar
aire, ni siquiera en los últimos metros del ascenso, porque la caída de la
presión parcial del oxígeno podría procurarnos la pérdida del conocimiento.
Recordemos además que el cansancio durante la apnea acelera el consumo del
oxígeno disponible y por tanto reduce la autonomía; lo mismo ocurre con el frío.
Por último, la hiperventilación aumenta considerablemente el riesgo de síncope
como consecuencia de una apnea profunda, pero éste es el tema que analizamos de
forma detallada en el siguiente apartado.
Los riesgos de la hiperventilaciónLa hiperventilación es bastante arriesgada y hoy en día se desaconseja en la
mayoría de los cursos de adiestramiento subacuático, o al menos se desaconseja
prolongarla más allá de algunos actos respiratorios. Veamos en qué consiste.
Hiperventilarse significa respirar varias veces consecutivas a pulmones llenos,
es decir, aumentar voluntariamente los litros de aire respirados en la unidad de
tiempo. Recurren a ella a menudo tanto los principiantes como los expertos para
mejorar sus prestaciones en apnea, pero es arriesgada porque puede llevar al
síncope anóxico sin que aparezca el hambre de aíre y los estímulos
diafragmáticos que constituyen nuestras señales de alarma. La hiperventilación
enriquece la sangre en oxígeno en una proporción mínima, pero baja
considerablemente el índice de CO2; por ello debe considerarse una
descarbonización más que una oxigenación. Como la acumulación de CO2 es el
resorte que hace saltar los estímulos para la respiración, hiperventilarse
retrasa las contracciones diafragmáticas. En definitiva, se obtiene sólo un
retraso en la aparición de los estímulos para respirar, pero no una verdadera
prolongación de la apnea. Una recomendación que no hay que olvidar es, por
tanto, la de no prolongar la hiperventilación durante más de 4 o 5 actos
respiratorios. Existe el riesgo de caer en síncope anóxico al final de la apnea
sin ni siquiera darse cuenta. También se desaconsejan absolutamente las
respiraciones forzadas contra resistencia, por ejemplo ventilarse de forma
violenta a través de un tubo de pequeño diámetro, lo cual fuerza la afluencia de
la sangre a los pulmones y expone al deportista a un edema pulmonar con riesgos
gravísimos.
Por síncope de hidrocución (o golpe de agua) se entiende la súbita pérdida de
conocimiento como consecuencia del repentino impacto con el agua fría. Es el
clásico síncope por zambullida, no demasiado frecuente aunque temible porque
suele provocar el paro cardíaco y por tanto impone la realización del masaje
cardíaco para la reanimación. Se considera que el síncope por hidrocución es una
manifestación extrema del reflejo por inmersión, ese fenómeno que frena los
latidos del corazón cada vez que se introduce la cabeza bajo el agua. Para no
sufrir este peligroso tipo de síncope es necesario evitar entrar en el agua de
forma súbita, después de una exposición prolongada al sol, con digestión en
curso o bien después de una intensa actividad física. Por el contrario, será
conveniente mojarse progresivamente el cuerpo antes de sumergirse. Los
individuos de edad avanzada y con tendencia a una frecuencia cardíaca baja
(vagotónicos) son las categorías con mayor riesgo de sufrir síncopes por
hidrocución.
La técnica de la inmersión en apneaComo planteamiento general debemos tener en cuenta que un buen submarinista
siempre debe economizar sus energías, sin cansarse nunca en exceso; ha de
moverse de la forma más hidrodinámica posible con un ritmo de las aletas amplio
y eficaz, con las piernas estiradas y sin doblar demasiado la rodilla. Un buen
submarinista se desliza por el agua con natural elegancia, sin salpicar
demasiado y controlando constantemente sus movimientos. Pero veamos qué se debe
hacer para sumergirse en apnea. La voltereta, o golpe de riñon, es el movimiento
con que el submarinista entra en el mundo sumergido; una vez acabada la
voltereta, el tubo respirador ya no es de ninguna utilidad y por tanto es
conveniente que el submarinista escupa el bocado. Retirar el bocado de la boca
es útil porque:
- En caso de síncope la boca permanece cerrada durante un tiempo y la ausencia
de la boca del tubo elimina una posible vía de agua hacia los pulmones;
- Se evitan las molestas vibraciones del tubo;
- Se impide que el tubo respirador se atasque en las rocas y ensanche la máscara;
- No se desperdician energías para vaciarlo al emerger.
Apenas se ha terminado de efectuar el golpe de riñon y escupido la boquilla del
tubo respirador es conveniente efectuar la maniobra de compensación para
restablecer el equilibrio de presión en el tímpano. En el fondo, el submarinista
se desplaza moviendo las aletas, pero también utilizando las manos para
aprovechar asideros y apoyos. Se desaconseja fatigarse y esforzarse en trabajos
pesados cuando se practica la apnea en el fondo, así como aventurarse en apnea
en grutas y sinuosidades donde podríamos quedar atrapados o golpearnos la
cabeza. Al aparecer la primera contracción diafragmática (o, para quien no las
advierta, a la primera manifestación de hambre de aire, sollozo o deseo
espasmódico de tragar) es necesario iniciar el ascenso sin dilación. Es
absolutamente irracional pasar más tiempo en el fondo después de tales señales
de alarma, pues se corre el riesgo de perder el conocimiento. Para ascender se
mueven las aletas de forma amplia y regular, en los últimos metros para ahorrar
oxígeno es conveniente dejar de mover las aletas, aprovechando el impulso
natural de flotación. Si hemos apurado la apnea, al ascender es conveniente
recuperar el aire que hay en la máscara, inspirándolo por la nariz. No se debe
nunca descargar aire durante la apnea ni en la fase de ascenso. Si se tiene la
impresión de haber apurado la apnea, es conveniente desenganchar los lastres.
Una vez se ha emergido hay que dejar que la respiración vuelva a un ritmo normal
antes de emprender otra apnea. Como regla general nunca se debe estar solo; si
los submarinistas son dos, por turno, mientras uno está en apnea, el otro debe
vigilarlo desde la superficie para estar dispuesto a intervenir en cualquier
momento en ayuda de su compañero. Además, siempre es mejor disponer de una barca
de apoyo si se está lejos de la orilla. Asimismo, es importante (además de estar
prescrito por la ley) que la persona que está practicando la apnea se ate el
cuerpo a una boya señalizadora que pueda permitir localizarlo y recuperarlo en
caso de malestar. Si el cordel de la boya se enreda en el fondo el submarinista
debe poder cortarlo al instante con un cuchillo afilado que siempre deberá
llevar consigo. Como ya hemos dicho, se desaconseja hiperventilarse durante más
de 4 o 5 actos respiratorios antes de emprender la apnea. Por último, es
conveniente recordar también la importancia de protegerse adecuadamente del frío
con un traje isotermo que permita una respiración natural sin oprimir garganta y
tórax; también es aconsejable, en el caso de inmersiones en mares tropicales,
protegerse con un traje ligero del contacto con animales urticantes y en
especial del conocido y difundido coral de fuego.
Contraindicaciones para la práctica de la apneaYa hemos visto que para hacer apnea es necesario contar con una sana
constitución física y que se recomienda someterse anualmente a un minucioso
control médico; veamos ahora cuáles son las situaciones contraindicadas para la
práctica de este deporte. Ante todo, hay que dejar a un lado los excesos de
cualquier naturaleza: excesos alimentarios, de bebidas alcohólicas, de fatiga y
de tensión. Ello no significa que el apneísta deba entrar en el agua con el
estómago vacío, al contrario, debe nutrirse, pero no de forma exagerada y a ser
posible con alimentos energéticos y fáciles de digerir, respetando siempre la
pausa de unas tres horas para la digestión. En la dieta del submarinista se
aconseja la inclusión de miel, mermelada, azúcar y pan. Está absolutamente
desaconsejado excederse en el consumo de bebidas alcohólicas antes de la
inmersión, incluso la noche anterior. Igualmente contraindicado resulta apurar
las apneas cuando se está cansado o bien cuando se sale de un período de
particular tensión o se ha hecho uso de analgésicos, calmantes, somníferos,
excitantes o drogas. También el humo de cigarrillo está contraindicado para el
apneísta. Si se desaconseja sumergirse cuando no se está en perfecta forma,
sería de inconscientes introducirse en el agua con una enfermedad por
enfriamiento en curso (o durante la convalecencia). En efecto, ello podría
provocar inmediatos daños en el oído e inflamaciones de las distintas mucosas,
acompañadas de náuseas y mareos. Recuérdese por último que nunca hay que
practicar la apnea después de una inmersión con botellas de aire comprimido.
El buceo en apnea en su vertiente competitiva admite las siguientes modalidades:
- "No limits": en esta modalidad, durante el descenso el buceador puede usar tanto lastre como quiera (generalmente en una plataforma de descenso), para el ascenso está permitido el uso de collarines inflables o globos elevadores.
- Peso variable: el buceador desciende con un lastre diferente del que emplea para el ascenso. El peso máximo permitido durante el descenso es de 30 kg, y el ascenso hay que realizarlo a golpe de aleta, no estando permitido el uso de globos elevadores.
- Peso constante: el buceador desciende con tanto lastre como quiera, pero el ascenso ha de realizarlo con ese mismo peso. No se permite el uso de plataformas de descenso ni de globos elevadores, el ascenso hay que realizarlo a golpe de aleta.
- Estático: consiste en aguantar la respiración el mayor tiempo posible.
- Dinámico: consiste en bucear en horizontal la mayor distancia posible.
- última actualización 28/6/2000 -
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