Sin
duda alguna, la mayor cantidad de restos encontrados de nuestros
antepasados pertenecen a sus enterramientos. No sólo
son vestigios materiales de culturas desaparecidas, sino que
también
son manifestaciones de la concepción de su existencia
en una época difícil, en la que la lucha por
sobrevivir era intensa. Estos
restos hablan más de lo que parece de un mundo en
el que los aspectos de la vida material y espiritual estaban íntimamente
unidos. Es difícil que lleguen hasta nosotros pruebas
tangibles y concretas de sus ideas religiosas, eso no fosiliza,
pero sí nos llegan los objetos materiales donde dichas creencias
se asientan. Dichos objetos materiales son símbolos
sagrados sobre los que se proyectan estas ideas profundas
y hacen
que
lo espiritual sea más
cercano y aprehensible. La necesidad de los seres humanos
por
comprender su existencia y destino final se manifiesta tanto
en dichos objetos como en enterramientos y monumentos funerarios. 